LA RIQUEZA DEL BOSQUE ESCONDIDO.

Por Juan José Morales

Hace dos años, en noviembre de 2003, comentamos que el gobierno federal había decidido crear una nueva área natural protegida en el centro de la península de Yucatán, a la cual se denominó Bala’an k’aax, que en maya significa monte o bosque escondido. La decisión ya se formalizó con la publicación, el pasado martes 3 de mayo en el Diario Oficial de la Federación, del correspondiente decreto.

Balankax, como también le llaman quienes no dominan la especial pronunciación del maya, cubre poco más de 128 mil hectáreas en los municipios quintanarroenses de José María Morelos y Othón P. Blanco, limítrofes con Yucatán y Campeche. Lo que la hace especialmente notable, es que comprende una gran extensión de selva mediana subcaducifolia, un tipo de vegetación en que los árboles alcanzan hasta 25 metros de altura y del 50 al 75% de ellos pierden las hojas durante la temporada de secas. En esta selva escasean o casi no se encuentran caoba y zapote, pero en cambio hay cedro —aunque ya muy explotado— y abundan el ya’axnik —Vitex gaumeri para los botánicos—, el tzalam Lysiloma latisiliqua, la ciruela, el chacá y otras especies.

La selva mediana subcaducifolia se extiende en diagonal a través de la península de sureste a noroeste y en una época cubría más de la cuarta parte del territorio. Pero en gran parte ha sido arrasada para establecer plantaciones frutícolas, de caña de azúcar y de henequén, cultivos mecanizados y explotaciones ganaderas. Se calcula que ya sólo queda el 40% de la original. Además, este tipo de selva casi no está representado en las demás áreas naturales protegidas de la región, excepto en un pequeño sector del norte de la reserva de Sian Ka’an. De aquí la importancia de que se haya decidido conservar una buena muestra de ella en Balankax.

Otro tipo de selva que cubre considerables áreas de Balankax es la baja subperennifolia inundable, que se desarrolla en amplias depresiones del terreno, llamadas bajos o akalchés, hacia donde escurre el agua de lluvia desde los alrededores. Se le denomina baja porque sus árboles alcanzan corta altura, subperennifolia porque los árboles conservan la mayor parte de sus hojas aún durante la sequía, e inundable porque durante un período de seis a nueve meses el terreno permanece cubierto por una capa de agua que puede alcanzar desde unos centímetros hasta un metro de profundidad y que limita el número de especies capaces de crecer en el lugar al impedir la adecuada oxigenación del suelo y las raíces.

La selva baja inundable es uno de los tipos de vegetación más ampliamente distribuidos en el sureste pero se le encuentra sobre todo en forma de manchones aislados, no en grandes extensiones continuas. En ella abunda el famoso y en una época muy cotizado palo de tinte o palo de Campeche, Haematoxylum campechianum, llamado ek en maya, del cual se obtenían colorantes textiles antes de la invención de las anilinas sintéticas.

         Por otro lado, en el monte escondido de Balankax no sólo hay una vegetación densa y no demasiado alterada —inclusive 22 especies de plantas que no existen en ningún otro lugar del mundo más que en la península de Yucatán—, sino que también se conserva una nutrida fauna que ya ha desaparecido en amplios sectores de la península. Una de cada cuatro de las 600 especies de vertebrados —peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos— ahí identificadas se consideran raras, amenazadas o en peligro de extinción.

Finalmente, además de su riqueza forestal, faunística y florística, la región de Balankax alberga otro recurso de gran valor: agua. La lluvia que cae en esa zona se infiltra en el terreno y alimenta los mantos acuíferos subterráneos que corren hacia las costas de los tres estados peninsulares y son la fuente de agua potable para pueblos y ciudades.

La decisión de convertir Bala’an k’aax, el monte escondido, en una reserva natural, no sólo significa proteger plantas y animales amenazados y ecosistemas de gran valor biológico, sino también abre las puertas para un aprovechamiento racional y sustentable de su riqueza forestal y ayuda a garantizar el abastecimiento de agua en las zonas más pobladas de la península.

 

 

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