México a Ciegas 3.

Una visita a la fábrica artesanal de tequila Valente        .

Al ingresar a la fábrica, varios hombres trabajan en la construcción de una cava subterránea por lo que el ruido de los martillos sobre el cemento, dificulta escuchar a Raquel, la menor de 10 hermanos quien se disculpa y nos brinda el recorrido junto con otro familiar.

Nos relatan que hace más de cuatro siglos, los indígenas que habitaban las tierras de Guanajuato, adoraban la planta denominada agave por sus virtudes.

Dicen que la historia del tequila, simboliza en gran medida la historia de México, de su gente y tradiciones.

Afirman que el Tequila tiene una protección por lo que solo puede producirse en una región geográfica específica (donde estamos) por tanto, cualquier bebida similar que se produzca en México o en otra parte del planeta, no debe denominarse tequila.

Existen dos categorías de tequila: tequila ciento por ciento de agave y tequila, con por lo menos 51% de agave.

Hay cinco clases de tequila que pueden producirse en cada una de las categorías: Tequila blanco, tequila joven, tequila reposado, tequila añejo y tequila extra añejo todos con su propio aroma, cuerpo y sabor para el deleite de los consumidores.

SE les puede agregar edulcorantes, saborizantes, colorantes, aromatizantes sin perder su calidad.

La tradición ancestral, la extracción del corazón del agave (conocido como piña) se practica de la misma manera desde hace siglos.

Deben pasar entre 7 y 10 años para extraer la piña que por toneladas, se colocan en hornos para cocerlas.

Grandes máquinas las exprimen y el jugo o mosto se fermenta en tinas de gran capacidad por 3 días para someterlo a dos destilaciones hasta obtener el tequila.

Los visitantes tuvimos la oportunidad de degustar cada uno de los cinco tipos de tequila, pero antes, nos mostraron como tomarlo para que no nos resultara difícil si no estábamos acostumbrados.

Nos dieron un pequeño baso, nos dijeron que colocáramos el líquido en nuestras bocas, pero sin tragarlo.

Que nos enjuagáramos por 3 a 5 segundos, respiráramos en forma profunda y botáramos el aire por la boca una o dos veces antes de tragar el tequila.

Así lo hicimos y en efecto, la tarea resultó placentera.

Palpé grandes barricas con cientos de litros de tequila listos para la exportación a Europa y Latinoamérica.

El guía señala una planta, la palpo, tiene ojas largas, gruesas y a lo largo de su contorno, ciento como el borde de un serrucho, abajo unas raíces y la piña de agave, también un hijuelo que se trasplantan al año y medio a otros sembradíos.

Pasamos a la zona de cocimiento con vapor seco mediante una gran caldera que se alimenta por 48 horas para dejarlo en reposo 24 horas más.

El horno frente al que estamos, tiene una capacidad de 18 toneladas de agave, pasamos hacia los tres molinos que molerán el agave, pero cada uno, recibirá agua caliente para extraerle mejor el dulce.

Después se evapora para obtener la miel y mermelada de agave y retirar el agua vertida en el anterior proceso.

Pasadas las 72 horas de fermentación, se tiene el tequila que, en esa fase, se denomina mosto muerto.

Los guías nos ofrecen degustaciones de la mermelada mientras nos dice que de cada 1800 litros que colocan en el alambique para que alcancen una temperatura de 80 grados, al evaporarse y pasar por el condensador, obtienen solo 300 litros de tequila blanco.

Los 300 litros, pasan a otro alambique para recibir otra destilación, y solo quedan 150 litros.

Pasamos a la zona de añejamiento dejando atrás muchas botellas que luego llenarán de tequila blanco.

Se trata de un local con barricas de roble canadiense.

El tequila blanco pasa directo a las botellas desde el alambique, el joven se queda dos meses en las barricas, el reposado de dos meses a cerca de un año, el añejo de un año a tres años y el extra añejo, 9 años dentro del barril.

Cuando las barricas se llenan, tienen 200 litros, al pasar 9 años, el contenido es entre 30 y 50 litros lo que dispara los precios.

Antes de llenarlas, se les coloca fuego controlado para que, al quemarse la madera, el contenido obtenga: olor, sabor y textura.

De nuevo nos brindan una degustación, pero antes de tomarlo, nos proponen una “oración” que todos repetimos:

“Señor, tú que eres fuente de bondad, y nosotros tus muchachos, ya que nos hiciste tan borrachos, hágase tu voluntad.

Ave María, Yo no quería, hasta que éste Güey me dio.

Padre nuestro, ¡qué bueno está esto!

Santo Tomás, yo quiero más.

Maldito tequila, maldito tormento, ¿Qué haces a fuera? Vamos pa dentro.

Estiro el brazo, encojo el codo, y a la salud de todos, me lo chingo todo.

 

Autor: Roberto Sancho Álvarez. San José, Costa Rica.

Robertosancho27@gmail.com

 

 

 

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