Un Cumpleaños más  o menos

por José R. Romero González

 

Agosto 28, 2004

 

Los fines de año y la proximidad de un cumpleaños, como que invitan, a veces, no sé por qué, a la reflexión.

Sí, faltaban solamente algunas horas para llegar a otro cumpleaños más. Se dijo, no sin cierto mohín en los finos labios cubiertos con un ligero maquillaje:

"No es posible que me rinda y que a pesar de las pastillas de aloe vera, no pueda bajar de peso. Que por cierto, la automedicación y su ingestión de dosis arbitraria me hicieron daño; pues todavía me duele horriblemente la panza, vocablo quizá muy corriente; pero, al emplear la palabra apropiada, el dolor no es otro, sino el mismo; muy terrible e implacable. ¿Será cuestión de gustos utilizar la expresión: glúteos o nalgas para estimular el erotismo o para precisar el término, si o no indispensable? Sería fácil dar una nalgada, pero una gluteada…"

Hace poco, me dijo un amigo, o ya no entiendo qué sea en mi vida: "A mí me gustan las gorditas", -de trigo, han de ser- le dije al muy imbécil, de manera que estoy completa y absolutamente sola.

Así es que nadie se enamoró de mí definitivamente y para siempre, de modo que mi pareja de varios años me traicionó...

¿Quién tiene la culpa de todo?

Yo y nadie más que yo.

Antes, digamos hace unos quince años, solía echarle la culpa al destino, a la carrera profesional que elegiría. ¿Cómo adquiriría libros y todos los materiales de apoyo que se necesitan para estudiar? Que si los exámenes o los apuros de la titulación, la adquisición del vestido para la graduación, los zapatos que combinaran con el atuendo, la búsqueda de trabajo…

Luego, entré en la manía de cambiar de recipientes a las culpas, había demasiados y de sobra: el amigo que después resultó no serlo, el vivales que quería manejarme y aprovecharse de mi nobleza (ay, me sonó a estribillo de comedia populachera, pero así eran mis sentimientos entonces), la compañera o conocida envidiosa de mis atractivos encantos y misteriosos encantamientos, etcétera.

Alguien que me espera en algún lugar, qué me importa. Es mejor repetirme hasta la saciedad: a mí nadie me espera, a mí ya nadie... estoy tan sola... y es mi culpa, ¿de quién más podría ser? no, no, no soy codependiente de nada ni de nadie...

Por supuesto, no me atrevería a decir como la famosa cantante aquella: "Hoy voy a cambiar..." Porque ya he hecho todos los cambios habidos y por haber. ¡Si lo sabré yo!

Siempre creí ser una mujer que actúa por impulsos. Así, sin saber por qué, hoy salí a la calle a buscar un bambú, el cual, traerá la buena suerte que siempre han requerido las circunstancias importantes de mi vida.

¿Buena suerte para qué?

No lo puedo creer. No lo sé.

Sólo quiero sentir algo totalmente diferente. ¡Tal vez algo que me haga otra vez vivir!...

 

 

 

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