STANLEY KUBRICK: LITERATURA Y CINE DE EXCELENCIA

 

 La infancia y la adolescencia de Stanley Kubrick (n. Nueva York, 26 de julio de 1928 - † Harpenden, R.U 7 de marzo de 1999) estuvieron marcadas por sus deficientes resultados académicos. Cuando Stanley cumplió doce años sus padres le enviaron a California con su tío Martin Perveler. Querían estimular al pequeño pero California no le entusiasmó. En 1941 volvió a Nueva York para completar sus estudios. Sus notas eran malas, tan solo destacó en física. Aunque los test de inteligencia reflejaban un nivel por encima de la media, Kubrick se aburría en clase Su padre le enseñó a jugar al ajedrez para incitar su intelecto. Resultó la gran pasión de Kubrick durante toda su vida. Su otro interés también provino de su padre. A los 13 años le regaló una cámara fotográfica, una Graflex, de más de tres kilos, que marcaría la trayectoria del aún joven Kubrick. “Me enamoré de ese artilugio”, expresó posteriormente.

 

La cámara era demasiado grande para pasar desapercibida, así que Kubrick la escondía en una bolsa de papel con un agujero para poder mirar por el objetivo. Así los retratados no advertían la presencia del fotógrafo. Se dice que esto influyó en los primeros años de su carrera en que acostumbraba a situar la cámara en ligeros contrapicados. Una influencia reconocida por él, fue su profesor de literatura, Aaron Traister, quien consiguió inculcarle el gusto por Shakespeare a través de las obras de teatro que organizaba. De esa época, él recordaría mas tarde: “nunca aprendí nada en el colegio y no leí un libro por el placer de leerlo hasta que tuve diecinueve años”. Ese periodo de su vida fue uno de los más difíciles para el joven Kubrick. Se graduó con resultados mediocres: Sólo le asustaba no seguir yendo a clase con sus amigos del instituto William Howard Taft de su barrio, el Bronx. “El miedo a suspender, el miedo a no seguir con los de tu clase”, escribiría. Una infancia de frustración en la que no pudo desarrollar la genialidad que le caracterizaría como director.

 

A partir de entonces comenzó a devorar los libros. De hecho ninguna de las historias que cuentan sus películas fue creada por él. Tan solo actuó como coguionista en la adaptación de las novelas que llevó a la gran pantalla. En “La naranja mecánica” (A Clockwork Orange 1971) se basó en la novela homónima de Anthony Burguess, lo mismo sucedió con “Senderos de Gloria” de Humphrey Cobb; “Espartaco” de Howard Fast; “El resplandor” (The Shining, 1980) de Stephen King; “Lolita” (1962) de Vladimir Nabokov. En “Atraco perfecto” (The Killing, 1956) se basó en la novela de Lionel White; en “¿Teléfono rojo?, Volamos hacia Moscú” (Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964) tomó la novela Alerta Roja de Meter George. Para rodar “Barry Lyndon” se basó en Las Memorias… de William M. Thackeray; en “La chaqueta metálica” (Full Metal Jacket, 1987) fue The short-timers de Gustav Hasford y en “Ojos bien cerrados” (Eyes wide shut, 2004) se basó en Traumnovelle de Arthur Schnitzler. Su obra máxima “2001, Odisea del espacio” provino de una novela de Arthur C. Clack, figura máxima de la literatura de ciencia ficción.

 

Visionario, excéntrico, legendario, obsesivo, perfeccionista y genial, Kubrick se ha destacado tanto su perfección técnica, como su elevado contenido dramático. Y si es verdad que se sumerge en la literatura como pocos lo han podido hacer, también es cierto que dotaba a las historias de una personalidad cinematográfica altamente refinada, propia del intelectual culto, profundo y congruente que siempre fue. Y del fino ajedrecista que se enfrascaba en arriesgadas combinaciones.

 

Cuestionado muchas veces por su frialdad profesional como director, él era más bien un intelectual de pensamiento exacto, estricto y justo, que oponía a la confusión de ideas del cine sentimental y ecléctico, que imperaba en su juventud, un alud de complejas y contradictorias paradojas de la realidad. Honesto pero testarudo, logró entablar con su público una relación adulta, sin paternalismo, con inteligencia. Tampoco daba concesiones al espectador y lo atrapaba en la vorágine de los acontecimientos y las disertaciones, hasta hacerlo recapacitar en lo que estaba viendo. Porque Kubrick ha sido el cineasta mas visual del siglo XX, pero su vena literaria proveía a su cine de disertaciones sumamente elaboradas, tanto en lo literario como en lo visual, que, finalmente, predominaba. Una estética de la imagen, que todo lo absorbía. No en balde, cuando Kubrick aún concedía entrevistas, se refería a Max Ophüls y Serguéi Eisenstein como sus dos referencias cinematográficas más influyentes, el primero por su trabajo con la cámara, y el segundo por su técnica de montaje.

 

Aun sin reconocerlo, muchos cineastas modernos aprendieron de Kubrick y algunos llegaron a imitarlo. En “Atraco perfecto” su primera obra maestra, relató la historia del atraco a un hipódromo; La utilización del tiempo cinematográfico hecha por Kubrick, en su época, supuso una innovación. Años después sería imitada por el cineasta Quentin Tarantino en “Reservoir Dogs”, en la película aparece, además del manejo del “tempo”, mucho del pensamiento kubrickiano: la lucha de un antihéroe en su enfrentamiento con el mundo, y su derrota final.

 

Atraco Perfecto atrajo las miradas de Hollywood. Kirk Douglas, firmó con Kubrick un contrato para cinco películas. La primera de ellas sería “Senderos de gloria” que interpretaría el propio Douglas en el papel del coronel Dax, encargado de defender a sus soldados, acusados de cobardía ante el enemigo, en el marco de la guerra de trincheras de la I Guerra Mundial. Y también sería la primera polémica de Kubrick, aunque no la última. El mensaje antibelicista de la cinta hizo que en Francia, a cuyo ejército pertenecían los protagonistas, estuviera prohibida durante décadas. En Senderos de gloria, Kubrick muestra su vena más humanista y sentimental, con uno de los finales más emotivos jamás filmados. Sus siguientes películas se volverían más frías, aunque no menos humanistas. El humanismo fue siempre el motor sobre el que se movió el cine de Kubrick, aunque algunos (que confunden humanismo con sentimentalismo) aún lo sigan negando.

 

Una película como Espartaco, de alto presupuesto, fue un empujón a su carrera como director. Aunque apenas tuvo oportunidad de intervenir en el guión (como había hecho antes y haría después en todas sus películas), la película es magnífica, y supuso el fin de las listas negras del macartismo (debido al estratégico interés de Douglas de reducir el sueldo del guionista Dalton Trumbo, a cambio de colocar su nombre real en los créditos). Los rumores dicen que Kubrick fue su propio director de fotografía, aunque el que subió a recoger el Oscar por esta categoría fue Metty. La película ganó otros tres premios de la Academia, y fue un éxito comercial.

 

Kubrick logró rescindir el contrato que le unía con Douglas por otras tres películas. Las aspiraciones artísticas y comerciales de Kubrick le llevaron a hacer “Lolita” (1962): fue su siguiente trabajo. Tras arduas negociaciones, convenció a Vladimir Nabokov no sólo para que aceptase vender los derechos de su novela, sino para que fuese él mismo quien adaptase el guión. La película fue un escándalo, con unas consecuencias que ni siquiera Kubrick alcanzaba a imaginar. Todos los párrocos de las iglesias estadounidenses exhortaron a no ver la película, lo que por supuesto únicamente provocó que la cinta fuese un éxito sin precedentes. Narra la historia de Humbert Humbert, un soltero de mediana edad interpretado por James Mason que se enamora de Lolita, una niña de catorce años (interpretada por Sue Lyon, de dieciséis), y que para conseguirla está dispuesto a casarse con la madre de la niña. La película es otra obra maestra, que demuestra el increíble pulso narrativo de Kubrick. Pero de esto seguiremos hablando en la próxima entrega. Kubrick bien vale la pena.

 

II

 

Tras el éxito de Lolita, Kubrick supo definitivamente que el prestigio que había logrado con Espartaco le permitía afrontar proyectos más arriesgados. Así que, en medio de la guerra fría y de la crisis de los misiles cubanos, Kubrick comenzaría a rodar “¿Teléfono rojo?, volamos…” en 1964. Aunque en un principio pretendía abordar de forma seria la guerra fría y la posibilidad de un conflicto atómico, a medida que se iba documentando encontraba aspectos cada vez más hilarantes y satíricos, de forma que decidió realizar una comedia de humor negro. El actor británico Peter Sellers sería la gran estrella encargada de dar vida a tres personajes de la cinta. El guión de Terry Southern, Peter George y el propio Kubrick está lleno de gags deliciosos, y narra cómo un acceso de locura del general Ripper (el espléndido Sterling Hayden) provoca que varios aviones estadounidenses ataquen la URSS con armas nucleares, provocando que se haga realidad la tan temida MAD (Destrucción Mutua Asegurada). La película fue un éxito, pero las críticas arreciaron sobre el director por la supuesta burla que éste hacía al sistema de defensa estadounidense. Kubrick decidió quedarse a vivir en Inglaterra, y no volvería a residir nunca más en Estados Unidos.

 

En 1968 Kubrick alcanzaría la cumbre de su carrera con “2001: Una odisea del espacio La película era un arriesgado intento por dignificar un género decaído, el de la ciencia ficción, que en aquellos momentos se limitaba a poco más que mutantes radiactivos y monstruos del espacio. El resultado final casi supuso la bancarrota del estudio, aunque finalmente recuperaría (y con creces) el dinero invertido. Con unos efectos especiales sin precedentes (ejecutados por Douglas Trumbull), y una confianza ciega en sí mismo, Kubrick realizaría una de las películas más modernas y arriesgadas de la historia del cine, narrando la pasada y futura evolución de la raza humana. Semejante proyecto podía haber derivado en una película absurda o pretenciosa, pero en manos de Kubrick alcanzó alturas épicas. La ambiciosa pretensión de Kubrik era realizar un film en el que estuviera concentrada toda la historia de la humanidad, y en realidad es así, ya que la amplitud de temas que se tocan en la cinta (la soledad, la muerte, la evolución, la inmortalidad, la inteligencia artificial, etc.) hacen de la película un motivo continuo de reflexión, y que, hasta ahora, no haya envejecido. Sus efectos especiales siguen siendo geniales, y la recreación del viaje espacial sigue siendo una de las más realistas de la historia del cine. El guión fue co-escrito con Arthur C. Clarke, uno de los maestros de la ciencia ficción literaria y autor del relato en el que se basó la película, "El centinela”. Con esta película Kubrick ganó su único Oscar a título personal (por el diseño de efectos especiales). La película también ganó premios concedidos por instituciones religiosas. Paradójicamente, años antes, Kubrick las había escandalizado con “Lolita”.

 

Llegaron los años setenta y Kubrick, visionario, vislumbró lo que deparaba el cine de la época: realismo y violencia. Así que, sin salirse del todo de la ciencia ficción, adaptó la novela de Anthony Burgess “La naranja mecánica” en 1971, película que sigue siendo “de culto”. La cinta cuenta la historia de un joven violento cuyas únicas distracciones son la violación, la ultra violencia y… Beethoven. La violencia de la película y una desgraciada serie de actos vandálicos que imitaban a la película hicieron que Kubrick presionara a la distribuidora para que retirase la película de los cines británicos. Las amenazas que recibió hicieron que el director se recluyese aún más en su mansión de la campiña cercana a Londres.

 

Y cuando todos esperaban una sorpresa por parte de Kubrick, éste regresó al clasicismo. Ante la imposibilidad de realizar Waterloo, una película sobre la vida de Napoleón, en la que pensaba recrear fielmente las batallas más importantes libradas por el francés, decidió “Barry Lyndon”, aprovechando todo el trabajo de preproducción y el diseño minucioso de la época. La historia narra la ascensión y caída de un muchacho en la Europa del siglo XVIII. La crítica tildó la cinta de aburrida y demasiado larga, pero fue una de las películas más apreciadas por Kubrick, y en la que probablemente puso más empeño. Los interiores se rodaron exclusivamente con la luz de las velas, gracias a unos objetivos especiales de la casa Carl Zeiss (abertura máxima de f/0,7) que había comprado a la NASA. Pero las críticas, el fracaso comercial y unas supuestas amenazas del IRA abatieron un poco a Kubrick.

 

Para reponerse escogió a Stephen King, un autor de éxito, y un género con arrastre en aquel momento: el terror. A partir de la novela homónima del escritor estadounidense (S. King siempre criticó la versión que Kubrick había hecho de su novela, que superó ampliamente a ésta en cuanto a tensión y ambigüedad). Reescribió el guión junto a Diane Johnson, y el resultado fue El resplandor (The Shining) (1980), una película de terror considerada una de las cumbres del género. Una apreciación personal de Mi lente, y que provoca largas discusiones entre mis amigos, es que “El resplandor” es una síntesis de todos los estilos del cine terror: de “el Gore” al Psicológico, pasando por el mitológico al mas puro estilo de H.P. Lovecraft. Y me atrevería a decir, sin tener forma de comprobarlo, que pudo ser la inspiración principal para Kubrick, gran lector y conocedor de la literatura. De esto podríamos hablar en otra ocasión, porque Lovecraft y sus “mitos de Chtulu” es, por lo menos para Mi lente, influencia y parte importante del género de terror, y del de ciencia ficción, aunque aún no se reconoce su importancia e influencia en el cine moderno.

 

Tras El resplandor, tienen que transcurrir siete años hasta que aparezca su siguiente película, “Full Metal Jacket”, en 1987, que trataría nuevamente sobre la guerra, aunque esta vez la de Vietnam. Nuevamente Kubrick presagia que el futuro de Hollywood está en películas que analizarán, desde distintas perspectivas, la participación de EE.UU. en Vietnam, aunque su lentitud en rodarla hace que películas como “Platoon” (1986) se le adelanten a su fecha de estreno. El rodaje fue un auténtico infierno, con un Kubrick que repetía cientos de veces la misma toma, y que reescribía el guión sobre la marcha. Con esta película, Kubrick recuperaría el prestigio como director que hace ganar dinero a su estudio, pero sobre todo se comenzarían a publicar biografías y estudios sobre su cine, convirtiéndolo en un director de culto.

 

Tras esta película Kubrick comenzó a trabajar un par de proyectos. En primer lugar, Inteligencia Artificial, la historia de un niño robot abandonado por su madre. Kubrick siempre había querido adaptar el relato de Brian Aldiss, pero hasta que vio Parque Jurásico (1993), de su amigo Steven Spielberg, no supo que la tecnología necesaria para su película estaba por fin a su alcance. También estaba interesado en Aryan Papers, una película sobre dos refugiados judíos durante la persecución nazi. Sin embargo, de nuevo Spielberg se cruzó en su camino con La lista de Schindler (1993). La semejanza con su propio proyecto le hizo desistir.

 

Finalmente Kubrick realizó Eyes Wide Shut (1999), basada en la novela Traumnovelle, de Arthur Schnitzler, película que disecciona la sociedad actual a partir de la psicología de sus personajes, una pareja de neoyorquinos de clase alta que viven aparentemente una feliz vida en común, pero que en sus sueños y fantasías se muestran como son realmente. El pesimista final de la película (nada tradicional, como han dicho algunos críticos) rubrica el final de una dilatada carrera en el tiempo, aunque escasa en el número de películas.

A los pocos días de terminar de editar la película, Stanley Kubrick moría en su mansión de Londres de un ataque al corazón. Hasta el final la controversia lo acompañó: llegó a decirse que el no había terminado la película y que por esa causa “no era suya”. Diversos estudios y testimonios revelaron que sí, como siempre, lo logró.

 

A punto de cerrar la edición, recibimos la triste noticia de la muerte de Ingmar Bergman, maestro excepcional del cine. Descanse en paz el hombre, que su obra y su genio se quedan en el corazón y la mente de todos los amantes del cine del mundo.

 

Autor: Rafael Fernández Pineda. Cancún, Quintana Roo. México.

fernandezpr@hotmail.com

 

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