RECHAZO Y ACEPTACIÓN

En este número, les expongo un pequeño texto sacado del libro: Los discapacitados y sus padres, cuyo autor es: Leo Buscaglia, es un texto muy interesante en cuanto al rechazo que sentimos los discapacitados, pero es importante que se tome en cuenta, que primero debe de haber la aceptación en nosotros mismos de nuestra discapacidad, para que partiendo de ahí, podamos ver con claridad las actitudes de las otras personas, espero que les agrade.

RECHAZO Y ACEPTACIÓN

La discapacidad es un fenómeno social, además de ser un fenómeno mental y físico. Las diferencias, de cualquier tipo que sean, crean respuestas sociales que pueden llevar a la discriminación, el rechazo y a la relegación a una condición social inferior. Puesto que una discapacidad irreparable y visible no puede hacerse desaparecer a voluntad, debe ser aceptada, por lo menos inicialmente, como un estímulo social más o menos negativo. Cuando se trata de ocultar el problema, da la impresión de que éste se acentúa y con frecuencia da origen a una mayor incomodidad social, a un distanciamiento y a una desvalorización de la persona.

La mayoría de los discapacitados relatan que casi a diario encuentran algún tipo de rechazo, abierto o encubierto. Una alumna universitaria confinada en su silla de ruedas cuenta que cada vez que se une a un grupo de chicas que están conversando sobre cosas de mujeres el tema de conversación cambia. "Dejan de hablar de muchachos, citas y sexo, sus temas favoritos, y comienzan a hablar de los profesores, las tareas y los libros. Sé que ellas sienten que me están protegiendo de una situación dolorosa en potencia, pero en cierto sentido, están creando una situación mucho más dolorosa. Suponen que no estoy interesada en los muchachos, las citas y el sexo. En su intento de ser 'bondadosas' me están rechazando como mujer y me están relegando a una especie de mundo especial que, según su decisión, es más cómodo para mí. Intenté alentar las conversaciones originales, pero cuando lo hice, se sintieron incómodas e inventaron excusas para alejarse, en lugar de continuar conversando."

El rechazo adopta muchas formas sutiles.

El profesor que aconseja al discapacitado que no siga su curso porque considera que será demasiado exigente para él.

El individuo que toma por el brazo a una persona ciega y, sin que se lo pida, la ayuda a cruzar la calle, pues supone que esa pobre persona está perdida y necesita ayuda.

El asesor que le dice a la persona discapacitada que el objetivo de obtener un título superior no es realista pues, por cierto, el mismo asesor no lo tiene.

La actitud condescendiente de la maestra bienintencionada que excusa a la persona discapacitada de los requisitos normales de la clase.

El policía que, por compasión, no le entrega una citación al infractor discapacitado.

A las personas con una discapacidad les resulta difícil eludir el rechazo, aun cuando éste sea bienintencionado. Muchas veces deben encontrar el modo de enseñarles a los demás, en forma sutil, que aunque tienen una discapacidad que puede resultar de algún modo desafortunada y causar inconvenientes, esa discapacidad no es degradante. Tienen que hallar el modo de hacerles comprender que ellos son más que una discapacidad, que son personas con sentido del humor, con conocimientos y que tienen una contribución única para hacerle al mundo. Deben enseñarles que no buscan su compasión, su caridad o su simpatía, sino simplemente la dignidad de ser ellos mismos. Estas cosas las enseñarán mejor con la práctica, participando con ellos en actividades mutuamente satisfactorias y estando dispuestos a mostrar su yo y aceptar las respuestas resultantes. Si lo hacen, tendrán que dejar a un lado, por supuesto, sus roles esperados, que quizá les ofrecieron un refugio tentador en el pasado, como figuras trágicas, indefensas y merecedoras de cariño.

Cuando en las situaciones sociales las personas discapacitadas logren mostrarse fundamentalmente como personas bien integradas y en crecimiento, serán aceptadas como tales. Descubrirán con frecuencia que lo que les pareció un rechazo de los demás hacia ellos, fue más un rechazo hacia el impedimento, las diferencias, de las cuales tenían que ocuparse antes de poder tratarlos a ellos. Esto no será fácil, pero la única alternativa es retirarse a grupos de individuos con limitaciones similares. Sólo allí estarán libres de cualquier conflicto social posible, de ansiedades o frustraciones. En esos grupos no tendrán que educar, pues compartirán un vínculo de discapacidad y experiencia. (Esto, por supuesto, no está mal. Habrá momentos en que necesitarán esa aceptación y ese apoyo.) Pero las personas discapacitadas se verán obligadas, en algún momento, a tratar con la sociedad normal. El éxito en esa tarea llega únicamente con la práctica y el aumento en las fuerzas y el orgullo. Les llevará mucho tiempo, y durante el camino deberán recordar que no existen ni rechazo ni degradación para los individuos que se aceptan a sí mismos.

Leo Buscaglia, autor de Vivir, amar y aprender, Amor, Además, Ser persona y varios otros éxitos, es reconocido internacionalmente como educador, escritor y orador. Sus libros y sus programas de televisión, que tratan la dinámica del amor humano, han sido leídos y vistos por millones de personas. El doctor Buscaglia cree que la felicidad es una cuestión de elección. Toda su vida está dedicada a alentar a la gente en ese sentido.

Antes de publicar su formidable bestseller Vivir, amar y aprender, Leo Buscaglia había trabajado casi veinte años en la educación diferencial como maestro, tutor y asistente de niños discapacitados.

En este libro enfatiza la urgente necesidad de una comunicación fluida entre los discapacitados, sus padres y sus educadores. Se trata, sostiene, de desarrollar todo el potencial innato de cada niño diferente, en lugar de tratar de adaptarlo al molde "normal" de la sociedad.

Con la elocuencia, la lucidez y el sentido común que lo distinguen, Leo Buscaglia ha escrito un libro serio y útil para enfrentar con éxito el duro desafío de la vida.

Vero Aguilar.

Correo: veroagui@prodigy.net.mx

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