MITOMANÍA

 

Cuando alguien tiene un impulso por mentir que no se puede frenar es un síntoma de que algo no anda bien en su desarrollo síquico. La mitomanía no es una enfermedad en sí misma, sino que corresponde a un conjunto de síntomas que pueden presentarse en diversas enfermedades síquicas, particularmente en trastornos de personalidad.

 

Los mitómanos mienten para construir una mejor imagen de sí mismos frente a la sociedad, sus amigos o para conseguir lo que desean sin importar cuál sea el objetivo.

La palabra mitomanía la comenzó a utilizar el profesor francés Ernest Dupré, alrededor del 1900, viene del griego “mythos” (mentira) y “manía” (compulsión); es un trastorno psicológico que consiste en mentir de forma patológica, falseando la realidad.

“El mitómano recurre a esta conducta continuamente sin pensar en las consecuencias, con tal de maquillar la realidad que considera inaceptable. Sabe que miente, pero por repetición, eventualmente termina creyendo sus propias mentiras y es entonces cuando la línea entre la realidad y la fantasía se torna borrosa.

Vive en un mundo irreal y utiliza la mentira para conseguir lo que quiere, miente para construir una mejor imagen de sí mismo frente a la sociedad y la mentira se convierte en algo cotidiano que no puede evitar”.

Los mitómanos Tienen una serie de características que los distinguen, como por ejemplo, que es una persona convincente, manipuladora y su discurso suele ser verosímil, tiene talento histriónico y sabe actuar, no acepta fácilmente su problema, algunos tartamudean, cambian de tema constantemente y dicen diferentes versiones del mismo tema en diferentes ocasiones y a diferentes personas, explica Simó.

Además, en su discurso se mezclan indistintamente retazos de verdad con fantasías, aunque son más o menos creíbles: suelen mentir sobre su vida, su trabajo, su salud, historial médico, edad, la profesión de los padres y un sinnúmero de cosas que en realidad no deberían ser maquilladas para ser contadas.

Sin embargo, la mitomanía no es inofensiva: tiene muchos efectos en el plano social: se pierde credibilidad y prestigio social.

“El mitómano es la persona a quien todos catalogan como ‘el cuenta cuentos’. A nivel familiar es visto como poco fiable y termina por perder familiares y amigos”.

Lo que diferencia al mitómano de una persona mentirosa es que el mentiroso inventa mentiras para defenderse o protegerse, es decir, con una finalidad, pero en el mitómano prevalece el carácter compulsivo de la mentira y sin una fuente de motivación, afirma Simó. “Es como una tendencia morbosa de desfigurar la realidad; imagina y siente cosas que no suceden realmente”.

Los mitómanos también se diferencian de los psicóticos porque si bien se dejan llevar por sus fantasías, mantienen un juicio de la realidad suficiente como para darse cuenta de que están mintiendo.

Es casi imposible que quien padece de mitomanía busque ayuda; generalmente es llevado a consulta por otras personas o acude a terapia por otras razones, pero mientras no se someta a una terapia, la mentira dominará su vida. Si acude a un especialista puede superar este problema y vivir en la realidad.

 

Niños mentirosos

 

Las mentiras o las alteraciones de la realidad no tienen la misma connotación en niños que en adultos. En la infancia la mentira no tiene juicio ético debido a la inmadurez del desarrollo cognitivo y emocional, ya que el razonamiento de los niños no está totalmente definido, sino hasta más o menos los diez años.

Pero si las mentiras son muy frecuentes hay que preocuparse, pero es indudable que todas las mentiras de los niños hay que corregirlas y no estimularlas.

Los niños viven una fantasía que no puede catalogarse como mentira y mucho menos mitomanía. Cuando un niño plantea que tiene un amigo imaginario, él cree que existe y por lo tanto no está mintiendo. En este caso hay una imaginación exacerbada que no es mitomanía, ya que se presenta en el contexto de la evolución cognitiva de la persona. El concepto mitomanía sólo se reserva a la mentira compulsiva. Es importante poder confrontar al niño para hacerle ver que la mentira no es buena.

Aún no hay una única razón que la origine, pero sí se puede hablar de posibles causas:

1. Personas que sufren de un trastorno de personalidad hipertímica, es decir personas con un ánimo muy elevado, alegres, superficiales, frívolas, que carecen de perseverancia y responsabilidad.

2. La insatisfacción o necesidad imperiosa de aprobación, admiración y afecto.

3. Las conductas ambivalentes: familias que simulan una posición social que no tienen, matrimonios que fingen un vínculo inexistente o padres que sostienen en secreto una doble familia pueden estimular a la mitomanía en sus hijos.

4. La baja autoestima: los mitómanos son personas que no se aceptan como son.

5. También puede interferir la genética, en el sentido de que se puede heredar.

 

La mentira patológica o mitomanía es una patología.

Ahora bien a quien padece de mitomanía, o pseudología fantástica, o mentira patológica o compulsiva, o fabulación y también llamado síndrome de Münchausen cuando miente lo hace porque sencillamente necesita hacerlo, sin un beneficio secundario (como en el caso del engaño o estafa), sino buscando falsear la realidad, su realidad, desdibujando su vida de modo que ésta se le muestre disfrazada de un halo de fantasía y superioridad que le permita así aceptarla pues su realidad así como su historia no es aceptada de ningún modo por lo que siente la real e imperiosa necesidad de mentir acerca de todo o casi todo en su vida, respondiendo a lo que siente como una verdadera compulsión a mentir. Al ser un trastorno de la personalidad, sino que siente y desde niño o adolescente por circunstancias de su propia vida e historia la necesidad de desdibujar esa realidad que no le cierra, que no le gusta, que le hace sufrir, por la cual se siente diferente e inferior a los demás, y ante ello sucumbe agrandándola, contando hechos y circunstancias fantasiosos y engrandeciéndolos siempre de modo de mitigar el dolor y la frustración que le produce el sentirse menor, diferente y cualitativamente inferior a otros, esto puede ser tanto en lo físico, como en la historia familiar, como en el entorno social, como en el estatus económico.

La palabra mitomanía deriva del griego “mythos” (mentira) y “manía” (compulsión).

“La mentira patológica se refiere a aquella mentira que es compulsiva o impulsiva, y aparece con cierta regularidad” (Dr. Juan Luis Figuerido Poulain, psiquiatra.) se está ante la necesidad imperiosa, impulsiva y compulsiva de mentir en forma regular y cotidiana.

Fue Ernest Dupré quien por el 1900 quien comienza a hablar de la “mitomanía” a la cual califica como una “tendencia constitucional de ciertos sujetos a falsear la verdad, a mentir, a forjar fábulas imaginarias”.

A veces no es fácil darse cuenta de que el mitómano miente, y para ello es necesario conocer a la persona, al menos hasta un cierto grado y también la repetición de la conducta de éste individuo pues es necesario cotejar su discurso con la realidad que vive o en la que se mueve, como así también su historia personal vital. Pues el mitómano miente sobre su historia de vida, sobre sus orígenes, sobre su realidad actual, sobre su patrimonio, sobre su familia, sobre los logros de éstos como de sí mismo, sobre su profesión, sobre sus éxitos. Y como va valiéndose de algunos datos de su realidad, tanto presente como pasados y los adorna y ensalza engrandeciéndolos, es tal la maraña de sus fantasías que sólo como resultado de conocerlo, de estar en contacto con él, de cotejar la realidad con lo que es su discurso que puede llegarse a dar cuenta sólo aquél que está cerca del mentiroso patológico, que éste miente. Éste enfermo, puede tomar conciencia de que lo está, del modo en que arruina su vida y la de sus seres queridos, a través de un tratamiento psicológico para modificar su conducta, y todo aquello que se presenta en el origen de su necesidad de falsear la realidad.

El mitómano comienza con sus mentiras pequeñas, y hasta podrían llamárselas como sin importancia, hasta que va sintiendo, al acentuarse ésta conducta, que necesita engrandecer más las mismas, que las pequeñas mentiras ya no le sirven, sino que tiene que cambiarlas o sumarle más elementos y dotarlos de todo lo imaginable para hacerlas cada vez más a sus ojos importantes pues para él es esto lo que le permite aceptarse a sí mismo y así también cree que al ser los hechos y circunstancias sobre los que fantasea más importantes, es mayor la aceptación en ese medio en el que las manifiesta.

 

El mitómano no puede dejar de mentir.

Comienza así una debacle en la cual va perdiendo todo lo que en algún momento se forjó o tuvo como familia de origen, el aprecio de ellos, esposa o esposo, el respeto de sus hijos, trabajo, posición económica, respeto en cuanto a sus pares, etc. El mentiroso patológico miente y cuando lo hace sabe que miente, y lo hace tanto y tan continuamente que al repetir e ir envolviendo en una maraña cada vez más compleja sus dichos y desvirtuaciones de su propia realidad, a pesar de que sabe que miente él llega a sentir que estas forman parte de la realidad, pues ha traspuesto el límite entre la realidad y la fantasía de modo que ésta realidad se llega a confundir con lo que corresponde a su fantasía y por ello a su deseo de que forme ésta parte de su vida realmente tal y como fue la fantasía que nace y precisamente porque su realidad no le conforma y le hace sufrir.

La Mentira Patológica es una enfermedad psicológica, el enfermo que la sufre lamentablemente no siente que está enfermo sino hasta que por sus consecuencias sufre, pues como sus mentiras nacen de una necesidad interior de ser mejor, superior, o igual a quienes sienten de éste modo, al desvirtuar la realidad siente que ésta se presenta con la importancia como la siente y ve en otros a quienes admira y se quiere parecer. Cree alcanzar éste estatus a través de sus mentiras, de modo que éstas comienzan como algo que no produce daño, que es inofensivo, pero sin duda es una enfermedad psíquica que lo lleva a desconectarse con su realidad y con su vida; deberá tratarse psicológicamente para luego volver a ésta, aceptarla y desde su real posibilidad tratar de alcanzar sus metas, y sus logros desde un trabajo personal que lo lleve a lograr aquello que desea y no desde sus sueños y fantasías que sólo están en su mente.

 

Autor: DR. Poles Dante. Cinco Saltos, Río Negro, Argentina.

doctorpoles@speedy.com.ar

 

 

 

Regresar.