LA
CASA DE MONTE GRANDE
Todos divagábamos con la "casa",
soñábamos con la "casa", el pueblo hablaba de la "casa"
"tenía magia".
Uno de los paseos dominicales era dar
vuelta por la casa y contemplarla desde el frente, que según la hora la casa les
ofrecía a sus admiradores diversas sensaciones.
Por la mañana, los árboles y el césped
amanecían bañados de rocío, sonriendo al sol. Los pájaros bebían de las flores.
La fuente que por la noche brillaban con
luces de colores dormía. La casa se despertaba lentamente.
La gente comentaba ¡"Hoy, pasé al
mediodía por la "casa" y me agarró un dolor de cabeza! El techo
brillaba como nunca soltando chispitas rojas y las paredes me hicieron pestañar
de puro blanca"…
"Para mí que está embrujada".
¿Y por la tarde? ¿Usted nunca pasó al caer
la tarde? ¡Vea! El sol se esconde entre los árboles y la dama de noche larga a
vagabundear una fragancia extraña, tan dulce que el estómago se te revuelve y
te dan ganas…
"Yo tengo una dama de noche en mi
casa pero la voy a arrancar"
"Yo pasé por la noche…" ¡No me
cuente que después sueño! Estupideces"
Y así, se movía el pueblo de Monte Grande
siempre alrededor de la "casa"
La verdad que la casa cobró fama después
del asesinato de Elena La Fontaine.
Elena La Fontaine era una mujer alta y
fuerte, no bella; pero sí atractiva.
Había algo en ella que, conquistaba.
Era viuda y tenía una hija de veinte años
Eugenia La Fontaine, además de madre e hija habitaban la casa cuatro empleados:
Elisita, la mucama, Emilia, cocinera, Don Joaquín (Mayordomo, chofer, hombre de
confianza) y Antonino, el jardinero.
Personas simples pero con gran respeto y
devoción por la familia.
Malena y Yo, nos escapamos dispuestos a
develar el misterio de la casa. Malena no le tenía miedo a nada, según decía;
"Hay que ver las cosas para saber si es verdad". Y se trepó a la reja
saltando al jardín y yo tras de ella.
Había una quietud, un silencio que empecé
a sentir miedo y arrepentimiento de secundar a Malena en todas sus locuras.
Me, pisé el cordón de la zapatilla y caí.
Malena me llevaba ventaja, se había internado en el parque del fondo y me
llamaba, no alcancé a atarme el cordón cuando escuché el grito de Malena:
"Corré tito que nos matan"
Emprendí una vertiginosa carrera- ni yo
sabía que podía correr tan rápido-
Salté la reja y me quedé mirando a Malena
que frenó la carrera gritándole a su perseguidor ¡Enano! ¡Horrible! Y era de
verdad un duende, con cara de malo y frente arrugada…-
Don Toribio Garmendia, comisario del
pueblo, no podía disimular la atracción que sentía por Doña Elena La Fontaine.
La visitaba todas las noches con cualquier pretexto.
Quería organizar una fiesta en la casa y
así presentar en sociedad a su apuesto hijo y flamante abogado, en realidad lo
que pretendía Don Toribio Garmendia era que Eugenia lo conociera y a lo mejor
…, con gran entusiasmo empezaron los preparativos de la fiesta, cada cual en su
puesto y el mayordomo controlando todo.
Eugenia se encargaría de la parte musical
y le pidió a Antonino que entonara las "Liders" de Brahms.
Antonino era un hombrecillo impenetrable;
no amaba a nadie y despreciaba a todos. Sabía que tenía una voz profunda y
estaba orgulloso. Muy pocas personas de su condición la poseían. Eugenia lo
inició en el canto y la vida de Antonino cambió.
Era un petulante que la gente de la casa
sentía antipatía por él pero en cierto modo se justificaba su vanidad: todo lo
hacía bien.-
El parque de la casa de Monte Grande, era
el más hermoso y exótico del lugar.
Interpretaba a shakespeare como un actor
experimentado.
Las visitas lo admiraban y él los
despreciaba. (No amaba a nadie solo Eugenia despertaba cierta ternura en ese
corazón duro, lleno de rencores).-
La casa se llenó de luces, flores, de
señoras elegantes, de jóvenes con audaces escotes y faldas ajustadas.
De caballeros apuestos como el hijo de Don
Toribio Garmendia que no le sacaba los ojos de encima a Eugenia La Fontaine.
El comisario y la dueña de la casa,
cambiaban miradas de asentimiento y simpatía, Antonino, sentía que iba a
estallar en odio, pero la señorita La Fontaine atacó los primeros acordes de
Brahms y el enano cantó…
Llenos de cumplidos y lisonjas se
despidieron del comisario y su hijo prometiendo visita para el día siguiente.
La señora La Fontaine tomó un libro y se
encaminó hacia su dormitorio al llegar a la escalera se volvió mirando a
Eugenia intensamente, Antonino le hizo una fría reverencia y continuaron
cantando hasta al amanecer.-
Con los primeros rayos del sol, Antonino
comenzó su trabajo en el jardín.
La manguera cantaba una canción de lluvia
y el rosal bostezaba un rojo té y amarillo.
Eugenia, desayunó cerca de la piscina
rodeada de las flores que Antonino había cortado para ella.
Elisa retiró la bandeja y al rato regresó
junto a Eugenia sin poder disimular la preocupación que sentía "¿Qué pasa
Elisa?" "¿Estás nerviosa?"
"Señorita…la señora Elena…"
"¿Qué pasa con mamá?"
"No responde… le llevé el desayuno y
no me abrió. La puerta está con llave.
Regresé a la media hora y lo mismo,
entonces la llamé por teléfono y no atendió"; la verdad es que me asusta
tanto silencio.
Eugenia se incorporó diciendo: "vamos
a ver que sucede, seguro que quedó cautiva en las burbujas del champagne.
Golpearon la puerta, la llamaron por
teléfono, probaron todas las llaves y al fin llamaron a Don Toribio Garmendia
que se hizo presente con un grupo de agentes y derribaron la puerta.
Doña Elena La Fontaine, colgaba del grueso
barral del cortinado, con su camisón marfil, los ojos desorbitados y el oscuro
cabello cubriéndole el rostro.
El pánico corrió por la casa, sumiendo a
sus habitantes en la pena y el horror.
"¿¡Cómo Doña Elena había hecho
eso!?"
"¿Por qué? Si lo tenía todo"
"¡Bendito sea Dios!"
El comisario reunió al personal en la sala
tomándole declaración con cierto pudor: "¿Cómo iba a desconfiar de Doña
Emilia?" La vieja cocinera de la casa La Fontaine que tantas veces había
preparado platos exquisitos para él y que amaba a Elena como una hija ya que la
había criado, pero le formuló las preguntas de rutina: A Elisa tan frágil, A
Don Joaquín tan serio y consternado, a Antonino… ¿Qué podía preguntarle a un
enano? ¿Y a Eugenia? Si era la imagen del dolor: "¿Que hizo usted después
de la fiesta?" "Música con Antonino"
Se citaron a todas las personas que
concurrieron a la fiesta, que llegaron horrorizadas y sin cargo de conciencia.
Un hombre alto y rubio con mirada fría y
sonrisa cínica despertó cierta desconfianza en el comisario Garmendia al
oficial que la investigara.
¿Pero, que quería investigar? Si era
evidente que Elena La Fontaine se había suicidado. La puerta estaba cerrada y
las llaves sobre el tocador. Las ventanas estaban protegidas con fuertes
barrotes y tupidos mosquiteros. ¡NO! Todo indicaba que era un suicidio. La
sábana anudada al barral del cortinado, el taburete derribado a los pies de
Elena… no se encontraron huellas digitales, la investigación llegaba a su fin;
pero había algo turbio, lo iba a aclarar como que se llamaba Toribio Garmendia:
"Comisario de Monte Grande".
(…) Sí, el juez caratuló suicidio y cerró
el caso La Fontaine.
Después de estos sucesos tan lamentables
el pueblo llenó de misterio, de leyenda esta casa y aunque han pasado quince
años sigue la superstición rodando entre la gente de Monte Grande y sus
alrededores.-
Por eso no me sorprende que ustedes tengan
interés en escribir un artículo sobre la casa embrujada y la hechicera que toca
el piano por las noches para que, dancen sapos y ranas diabólicos ritmos.
Si los fantasmas se lo permiten están en
su casa por el tiempo que deseen y así fue, que tito Mendizábal y Malena
Lagotti (periodistas) se instalaron en la casa que quince años atrás no
pudieron conocerla porque un enano feroz los amenazó con un garrote.
Y ahora estaban ahí, en la casa mágica
para correr el velo del misterio para destruir la superstición "Te
confieso",-dijo Malena- que estoy un poco inquieta una sensación de
desagrado ha comenzado a invadirme.
"¿No será que sentís miedo?"
nunca has confesado algo semejante".
"¡No seas tonto!" lo que pasa es
que no has visto lo que he visto yo".
¿Y que has visto?
-Al enano
"¡No, No Malena! Empezamos mal te
digo que lo vi cerca del rosal amarillo y creo que nos reconoció.
"Han pasado quince años Malena y es
casi seguro que hemos cambiado ¿O no?"
Eugenia los invitó a recorrer el parque y
en una de las vueltas encontraron a Antonino limpiando de hojas el camino de
los tilos. Antonino, dijo Eugenia: "Ellos son mis huéspedes, espero que
complazcas a Malena con las flores que sean de su agrado.
El jardinero les hizo una reverencia y
continuó con su trabajo.
Las sombras de la casa comenzaron a
envolver la casa. La luz de la luna caía con burla sobre los árboles y la
fuente lloraba una canción de cuna.
Tito y Eugenia discutían animadamente
sobre la revolución de Cuba del Che Guevara, de sus grandes artistas y la
última novela de Zoé Valdez.
Malena, no podía apartar la mirada del
parque, esa oscuridad tan profunda había comenzado a inquietarla y los rayos de
la luna asomándose entre las hojas de los árboles y los ojos de Antonino
contemplando a Eugenia con la misma pasión que la serpiente contempla a su
víctima.
Tito está en peligro y no se da cuenta,
pensaba y levantándose nerviosamente le pidió a Eugenia que encendiera las
luces del jardín, así podía tomar unas fotografías y comenzar a trabajar esa
misma noche.
Tito la alcanzó cerca de la fuente
visiblemente disgustado:-Lo vas a echar todo a perder Malena, te estás
conduciendo como una malcriada-.
-Y vos, como un descerebrado… ¿no te das
cuenta del peligro?
-¿Qué peligro?
-¿¡Antonino!? "Sí, Antonino, está
enamorado de Eugenia y no acepta que nadie se le acerque demasiado, en todos ve
un rival"- "¡Ay Malena, estamos aquí, para realizar una investigación
no para escribir una tonta novela de amor!"
Elisa, les mostró las habitaciones y les
comentó que la puerta marrón correspondía al dormitorio de doña Elena pero que
nunca se abría.
Malena se tiró en la cama vestida,
analizando la historia que les había contado Eugenia acerca de la muerte de
doña Elena La Fontaine. Algo no cerraba.
Una débil luz se filtró por debajo de la
puerta del cuarto de Malena.
La casa estaba en silencio.
La muchacha se incorporó lenta mente
tratando de no hacer ruido, abrió la puerta y escuchó el sonido de pasos que
iban y venían. Descubrió la tenue luz que salía del cuarto de la puerta marrón
atravesando el pasillo como una alfombra desteñida.
Caminó descalza hasta la habitación de
Tito empujó la puerta y entró.
"Despertate, no grites que soy
yo"
"¡Qué emoción Malena!"
"No seas estúpido y escuchame"…
¿Qué oís?
"¿Cómo que caminan?"
"Hay alguien en el cuarto de doña
Elena"
"Elisa dijo que nunca se abre…"
"¿Qué podemos hacer?"
"Esperá, apronta la cámara"
"¡No pienso ir a buscar la
cámara!"
"Tomá la mía mientras me visto"
Se extinguió la luz y una sombra cruzó por
el pasillo, tito intentó seguirla; pero se deslizó por la escalera hundiéndose
en la noche.
El joven, le pidió a Malena que tratara de
descansar. El recorrería la casa con el pretexto de tomar fotografías y
vigilaría los movimientos de Antonino y el mayordomo.
Se reunieron al mediodía para comer y al
pasar junto a Malena le dijo en voz baja.
"Sin novedades".
Los días transcurrían iguales, monótonos.
No tenía una sola pista para continuar en
esa casa con personajes tan extraños, con sombras que se movían por la noche,
con cuartos que se cerraron hacía ya quince años.
Pero a pesar del tiempo resonaban pasos en
su interior…y el sueño de Eugenia.
"¿Qué pasaba con Eugenia?"
¿Por qué se quedaba dormida después del
desayuno? Antonino la despertaba con jugo de naranja antes de comer…
Tito decidió terminar con los misterios
esa misma noche, se quedó de guardia en el cuarto de Malena.
Ella, no había podido bajar durante el día
ya que un fuerte dolor de cabeza la derribó en la cama, se tendió en el suelo
pegado a la pared cuando escuchó que algo se arrastraba… la puerta se entornó y
un olor, frío, acre, saturó la habitación. Malena comenzó a toser. Tito abrió
la ventana tratando de no hacer ruido y advirtió que en su habitación hacían lo
mismo tiró del picaporte despacito conteniendo la respiración la puerta cedió y
vio que una sombra se movía, que la puerta del dormitorio de Elena La Fontaine
se abría y antes que se cerrara cayó sobre la sombra rompiendo el velo del
misterio.
Encendió la linterna que Eugenia le había
otorgado por si necesitaba salir de la casa o por cualquier emergencia y quedó
frente a Antonino.
Antonino que lo miraba con ojos brillantes
de odio, de desprecio: "No me sorprendes periodista"
"Pero yo sí estoy sorprendido; ¿Qué
significa todo esto?"
"No tengo por qué darte
explicaciones"
"Pero al comisario Garmendia sí"
Sobre la cama, con ropa amarillenta por el
tiempo se destacaba un llamativo dibujo, una mujer dormida con dos manos
apretándose su garganta… del barral del cortinado la misma mujer con un lienzo
ajustando la garganta y el cabello cayendo sobre parte de su rostro y una
imperfecta pintura de Eugenia con dos manos sosteniéndole los pechos.
Ahora todo estaba claro: Antonino había
estrangulado a Elena La Fontaine mientras dormía, como lo decía ese dibujo,
luego la había colgado tratando de tapar el crimen.
Empujó a Antonino tratando de ganar la
puerta. Cayó abrazándose a sus pantorrillas, le hincó los dientes sin piedad,
rodaron luchando con odio en una pelea sin tregua.
Antonino conocía el lugar y se movía bien
en la oscuridad colocándole obstáculos en el camino así su rival caía…
Tito había tropezado y Antonino con un
rápido movimiento se ocultó tras el grueso cortinado, gritándole que peleara
que no se achicara, o tenía miedo…
El muchacho saltó guiado por la voz y se
hundió en el abismo. "Requiescat in pace" le dijo Antonino corriendo
la tapa del sótano y salió de la habitación.
Una fuerte tormenta sacudía la casa La
Fontaine esa mañana; esa mañana, que el comisario Garmendia se hizo presente en
busca de los periodistas.
No habían bajado a desayunar. Elisa
regresó informándoles que Malena dormía como muerta y el señor Mendizábal no
había dormido en su cuarto.
-"Que el personal se reúna en la sala
y que nadie se mueva de la casa"- dijo el comisario.
-"¿Sucede algo Garmendia?"-
preguntó Eugenia.
-"Sí, después te explico"-.
Le pidió a Antonino que llamara a un
médico y que le dijera a Mendizábal que lo esperaba arriba.
Luego dirigiéndose a Eugenia, le comunicó que
había venido con un grupo de policías y que necesitaba abrir el dormitorio de
Elenita y que Tito Mendizábal había desaparecido, tenía la certeza que lo había
secuestrado.
Eugenia, no podía comprender qué tenía que
ver el cuarto de su madre, el médico, el personal reunido en la sala, con la
supuesta desaparición de Tito Mendizábal.
Se encogió de hombros pensando que
Garmendia estaba cada día más absurdo.
No encontraron las llaves del cuarto,
según creían, hacía quince años que no se habría.
Antonino se sentía incómodo y solicitó
autorización para retirarse, el comisario le respondió: "Denegado" y
apretando el botón del intercomunicador cinco policías entraron en la sala.
Falsearon la cerradura de la puerta marrón
que cedió y quedaron frente a un espectáculo macabro, grosero; cabezas sin
ojos, cabezas con la lengua colgando, círculos, arabescos… y el dibujo de Elena
La Fontaine…
Eugenia lanzó un grito y se desmayó en los
brazos de Garmendia.
Descubrían el sótano.
Después de unos minutos de búsqueda
hallaron la tapa y sacaron a tito en un estado lamentable… el golpe… la falta
de oxígeno.
Quiso ver a Malena: Ella lo había metido
en ese lío, como siempre, como cuando eran chicos; pero gracias a la tecnología
había podido salvar su vida y romper la leyenda la casa de La Fontaine.
A la tecnología y a Malena…
Ella le había colocado el celular en el
bolsillo del Jean y le había pedido que atendiera sus llamadas porque tenía
sueño y quería dormir. ¿Como no iba a tener sueño después de los inhalantes
infames que Antonino le había arrojado?
Ahora no había misterio, ni sombras
movedizas, ni duendes caminando por las noches en el jardín.
Tito y Malena despidieron a Eugenia en
Eseiza que permanecería en Europa hasta su restablecimiento.
Mientras la casa de Monte Grande se dormía
lentamente acunada por los yuyos que crecían protegiendo la leyenda.
Autora: Betty Capella.
Lanús, Buenos Aires, Argentina.