Agonía de una Leyenda salvadoreña.

 

 

  Fe de erratas

 

  Estimados lectores:

  Queremos pedir disculpas, pues el autor de este relato nos había enviado el mismo en su versión corregida para el número anterior de la revista; sin embargo, publicamos una versión con errores…

  Además, queremos remitir a los lectores a releer el cuento Recuerdos de primavera, que Alexander escribió en colaboración con Laura Trejo en números anteriores de la revista.

  El enlace para acceder a dicho relato es:

 

 

Agonía de una Leyenda salvadoreña.

La conversación de Siguanaba y Sihuehuet

(Ciguanabis y Sihuehuety).

 

Después de saludarnos y conversar un rato, Carlos, Lupita y yo que disfrutábamos de un aromático café, acompañado de una deliciosa semita rellena de jalea de piña, estábamos ansiosos por escuchar la extraña experiencia que tuvo Juan cuando, con otros compañeros del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, realizaban una inspección para determinar el grado de contaminación de uno de los Afluentes del Río Lempa.

El afluente recorre Caseríos o asentamientos humanos caracterizados por su aislamiento geográfico, poblaciones en condición de pobreza extrema y extrema severa; con pocas y pequeñas parcelas que utilizan para cultivos de subsistencia y sin ninguno de los servicios básicos que incorporan las Encuestas Nacionales.

Juan, después de suspirar y tomar un sorbo de café, creo que para organizar sus ideas, nos comentó que observó una extraña conversación entre dos Famosas Salvadoreñas. Al inicio pensamos que sería una broma o novelesca historia de alguno de los populosos y carismáticos Mercados del País. Sin embargo, hablaba con tanta seriedad que inicié a escuchar con atención su relato; con tal concentración que mi cerebro se convirtió en una grabadora de video que, según la descripción que daba, en mi mente iban tomando formas personajes, conversaciones y lugares.

Al terminar de tomar las muestras de agua, tierra, flora y fauna que necesitaban, junto con la Guía y los Policías que los acompañaban para darles seguridad (en caso de encontrarse con miembros de grupos delincuenciales o terroristas), buscaban un lugar con árboles cerca del río donde pudieran comer y descansar.

Mientras caminaban casi chocan con un murito verde que se encontraba a la par de un camino que finalizaba en una especie de entrada llena de claridad. Al pasarla encontraron un precioso lugar con vistas increíbles donde tomaron fotos que parecían postales, asombrados porque no imaginaron descubrir una de las joyas ambientales que esconde el País.

Aunque Juan estaba confundido por sentir que estaba en un lugar alto al que no habían subido, lo hipnotizó el Rincón de fantasía bajo el Cielo celeste, surcado de algunas nubes blancas, cortado por Montañas cubiertas de una espesa vegetación, con frescas ráfagas de viento que silbaban entre las ramas de los árboles que dispersaban una suave mezcla de fragancias. Oculto por una malla natural de espesos arbustos franqueados por un bosque embellecido con diversas plantas parásitas con flores de diferentes tamaños, formas y colores daban una sombra natural; la armonía que reinaba y la paz que sentían era complementada por el concierto de cantos de pájaros y diferentes sonidos de la naturaleza que sólo era roto por sus voces. En la tierra, frente a una frondosa Ceiba, se extendía un perfecto y suave manto de hierba verde de diferentes tonalidades, salpicado de pequeñas florecillas silvestres que parecía una alfombra natural.

Después de admirar el paisaje, decidieron descansar un rato bajo la sombra de los árboles antes de emprender la caminata de más de una hora para llegar a un lugar con señal para teléfonos celulares y llamar para que los recogieran en el sitio acordado.

Juan pensó que ese espacio del bosque era irreal y no quiso descansar; sin querer alejarse mucho por temor, quería explorarlo más. Caminando hacia donde veía terminar la pared de árboles escuchó un suave sonido de aguas detrás de un muro verde; al acercarse divisó un cercado de plantas que le llegaba a la cintura, dividido por un delgado caminito de tierra que le dificultaría el paso.

Había caminado unos cuantos metros por el sendero entre el pequeño pero tupido ramaje cuando escuchó el leve sonido de cuchicheos y carcajadas de dos mujeres que conversaban con la confianza de viejas amigas.

Intrigado, caminó hacia las voces para poder escuchar la conversación y tratar de verlas. Avanzaba silenciosamente y casi agachado; cuando sintió que estaba cerca, se arrodilló y sin hacer ruido, separó con cuidado unas delgadas ramas. Entre las hojas pudo divisar una quebrada de aguas cristalinas y en la otra orilla a dos mujeres sentadas sobre un petate, tomando horchata en vasos de morro.

Vio a dos mujeres adultas mayores con rostros surcados por arrugas, expresiones de cansancio y miradas de tristeza; con melancolía charlaban de cómo había cambiado El Salvador, ahora era un País violento; como las afectaba psicológicamente y estaba transformando a gran parte de la Población.

Al escucharlas, le extrañó los peculiares nombres con los que se trataban; sobre todo, el de la mujer con ojos grandes y negros con un brillo de llamas de fuego que infundían miedo, con los párpados exageradamente caídos; piel quemada por el sol, chiches largas y aplanadas que se le salían hasta tocar el petate; dientes bien grandes y oscuros, estatura más alta que el promedio; cabello largo, bajo la cintura, negro con muchas canas, ondulado pero despeinado; con una blusa con diseños típicos de La Palma y collares de semillas; refajo como el usado por las mujeres de los pueblos originarios y sandalias de hule; a la que la amiga llamaba “Sihuanaby”.

La otra mujer parecía más joven; era mestiza, piel cobriza; su cabello color café tostado con varias canas le llegaba hasta los codos, despeinada, ojos achinados y oscuros, estatura promedio, con un vestido sucio y viejo de varios colores, sin zapatos; a la que la otra amiga llamaba “Sihuehuety.

Sihuehuety contaba lo duro que lo pasaba una mujer sola y vieja, que a duras penas consiguió construir con la ayuda de vecinos una champita arriba del barranquito que está cerca de la Quebrada Seca, que en cada invierno no es nada seca y tiene que salir corriendo a buscar un lugar donde refugiarse cuando llueve fuerte.

Sihuanaby le contó que ahora vivía en una cueva debido a sus últimas experiencias; le dijo que un día en la noche que iba cantando cerca de un río que se llama Limpio, pero de limpio no tiene nada porque está bien chuco y casi muerto, quiso conquistar a un cipote alto y bien parecido, seducirlo como hacía desde hace Siglos; quería llevárselo al río como si fuera una joven que se le insinuaba y por pena ocultaba la Cara; una vez cayera en su trampa, enseñarle su macabro Rostro, la extensión de su cabello, sonrisa y senos; asustarlo hasta inmovilizarlo de miedo al darse cuenta de quién era y ahogarlo como ha hecho con un sinnúmero de hombres que no se le han escapado.

Acongojada expresó que el hombre cuando la miró, se puso a reír diciéndole que era una mala representación de un personaje de Libros de Cuentos infantiles; además de ridícula, todavía no era octubre para usar un feo disfraz que sólo asustaría a rucos y campesinos; que unos cheros le quitarían las ganas y se divertirían un poco. Chifló y llegaron más o menos una docena de hombres; los primeros, que parecían niños, al verla, al principio se asustaron pero como era una orden, la violaron por turnos.

Sentía que era un adolorido despojo de un viejo espectro; cuando todos terminaron trataron de matarla pero alcanzó a escaparse chulona y llena de lodo. Se metió a la quebrada hedionda y turbia; se quedó en el fondo sucio sin moverse hasta saber que estaba sola y aprovechar la oscura madrugada para nadar hacia la otra orilla. Dijo que por ser un Espíritu corpóreo, creyó que nada podía causarle daño pero con la violación y el agua que tragó pasó bien mala con dolor de cuerpo y estómago durante unos días.

Al sentirse mejor, salió en la mañana y se escondió entre los arbustos cerca de una Quebrada que estaba honda y con una corriente muy fuerte porque había llovido todita la noche; al otro lado vio a unas muchachas que estaban lavando ropa y se gritaban Mary, Mileidy, Viky, Britny, Barby y Lety; pensando que era la moda en nombres de mujeres, se cambió el nombre a “Mary Juana” porque seguidamente lo mencionaban cipotes que se escondían a fumar en un lugar que olía bien feo, igual al tufo que echan montes quemados que crecen en algunos Caseríos enterrados en el Campo.

En un lugar de esos, hombres y mujeres se reían, después lloraban y gritaban diciendo que amaban a la tal Maryjuana; imaginó que era Artista famosa de Televisión porque escuchaba a muchos hombres de diferentes edades y que andan en grupo hablar de Ella. La otra que mencionaban debe ser una Modelo extranjera porque tiene un nombre raro, una tal “Cannabis”, que sonaba al de una mujer joven, chele, alta y delgada.

Escondida lejos, arriba de un árbol en el que no sentía el hedor del humo, veía a todos fumar y como el lugar se llenaba de humo como hojarasca seca quemándose en el verano; creía que se emborrachaban para tener fantasías con Ellas; se ponían como tontitos, otros se peleaban como bolos en cantina; a las pobres cipotas les iba más feo, chuloneándose, enseñando casi todo, y se ponían a reír a carcajadas, luego a llorar y dormir, ¡les daba bien raro! Las mujeres se quedaban tiesas como muñequitas y todos abusaban de Ellas; parecía una orgía desenfrenada sólo de sexo violento sin pasión en la que se oían jadeos de excitación y gritos de dolor.

Después de ver todo pensó que las dos mujeres debían ser bien malvadas; por lo que nuevamente se cambió el nombre a “Mari Juana Canabis“ para asustar mejor y quienes la vieran creyeran que es un nuevo espíritu de un lugar lejano.

La última vez que trató de asustar, encontró a un hombre de más de cuarenta años, mestizo, piel oscura, cabello negro y ojos con llamas de fuego más pequeñas que la de sus ojos; con pantalón negro y sin camisa pero con muchos dibujos en casi todo el pecho, espalda y brazos. Estaba sentado en una roca, rodeada por un Pentagrama Negro que habían pintado alrededor, mirando la Luna reflejada en el agua del río. Ella se acercó sigilosamente hasta llegar cerca de él, lo saludó cariñosamente, la vio de reojos y le dijo buenas noches; con una sonrisa diabólica silbó y al momento llegaron casi 20 hombres con pistolas, machetes y cuchillos; se rieron y otro sin camisa, bien peludo y tatuado le dijo que entre todos la harían sufrir e irían partiendo en pedazos, le cortarían las chiches, las disecarían y se las mandarían a sus Jefes como recuerdo de la Sihuanaba.

Sihuanaby dijo que ¡en Siglos de existencia por primera vez sintió miedo!.

Aún no sabe qué pasó porque las llamas de fuego que brillan en sus ojos se transformaron en tenues luces de luciérnagas comparadas con las fluorescentes linternas que usaban; el hombre sentado en la piedra se levantó, la miró, volvió a chiflar y todos vieron hacia la delgada Luna en Cuarto Menguante; de repente, la Sihuanaba estaba en las profundas y oscuras aguas del río.

Esperó mucho tiempo para poder moverse; cuando no divisó luces en la superficie se arrastró suavemente en las profundidades hasta la otra orilla. Aprovechando la madrugada sin luna, corrió entre los matorrales y la selva hasta llegar a las cuevas escondidas en lo alto de una Montaña.

Comprendió que estaba dejando de ser la principal Leyenda Salvadoreña, que había perdido la Fama de larga data y por lo que había ganado un lugar privilegiado dentro de la cultura del País.

Sollozando decía que era un mito en extinción que pronto desaparecería de la Memoria Colectiva; decidió llamarse “Sihuanabis, casi no sale, oculta sus largas chiches y cabello; busca y trata de ponerse la ropa que encuentra. Ahora se esconde en su cueva fuera de los ojos mortales; también siente hambre y sólo come frutas de los árboles, hace sopa de raíces de plantas silvestres con un poquito de sal, bebe agua de riachuelos y de la lluvia. Cuando tiene suerte, toma las cosas y comida que se le olvida a la gente en solitarias quebradas y montañas cercanas. Cada vez siente las necesidades humanas y llora al no poder satisfacerlas. Hay días que tiene sed y hambre; noches en las que pasa frío o se despierta con miedo.

En las noches sin luna y con pocas estrellas extiende su petate a la entrada de la cueva para ver el Cielo oscuro, apenas manchado de diminutas y parpadeantes luces, fijar su mirada en el espacio infinito y soñar con los buenos tiempos.

A veces recuerda con tristeza cuando era mortal; todo inició por la irresponsabilidad paterna, la pobreza que la llevó a la mala vida y buscar a su hijito que le quitaron y no sabe dónde está.

No recuerda cuántos siglos lleva buscándolo por lugares que ya no son los de antaño; ahora la mayoría de sitios por los que anda tienen ríos contaminados y quebradas sucias; han desaparecido muchos bosques con árboles gigantes y frutales, plantas y flores; camina y ya no ve algunos animales silvestres y pájaros. Muchos campos no son tierras fértiles; hay montañas que ya no son verdes ni llenas de árboles, ahora están sembradas de casas.

Las nubes no bajan y se quedan hasta que desaparecían temprano en las mañanas y volvían a bajar cuando se estaba ocultando el sol. Las personas no se enfermaban de cosas raras. Ahora es la Muerte la que más se pasea y no disimula para infundir temor.

Ciguanabis se lamentaba que pronto morirá como otros integrantes de la Mitología asesinados y enterrados en el Cementerio del olvido de una Sociedad que va perdiendo su Cultura.

Entre sollozos decía que seguirá en su cueva, soportando frío y hambre hasta desaparecer. Esa es la vida de un Mito agonizante; de una Mujer fea, una Campesina pobre, sola y vieja en el inaccesible y abandonado Campo Salvadoreño.

Después de un silencio entre las dos, se levantó, se fue llorando y llamando con gritos a su hijo hasta que se perdió en el bosque; dejando sola y sentada a Sihuehueti con lágrimas y gemidos.

En un parpadear, ya no había nadie; sólo el petate mojado con horchata derramada y dos vasos de morro.

Juan escuchó gritos de Compañeros que lo buscaban; se unió al Grupo, tomó sus cosas y regresaron a la Capital.

La taza de Juan estaba vacía, suspiró y finalizó diciendo que la Sihuanaba era Realidad en las mentes de hombres y mujeres del campo y de la ciudad. Hombres decían verdades o mentiras sobre sus encuentros con ella y de haber salido con vida para contarlo; sus historias eran una herencia que pasaba de generación en generación. Su nombre era temido en toda la Campiña, en la mayoría de Ciudades y Pueblos.

Ciguanabis” y “Sihuehuety”, ¡qué tristeza! Como estamos perdiendo nuestra Identidad; hasta nuestros nombres en castellano y de lugares en náhuatl o con raíces de nuestros pueblos originarios los estamos cambiando por nombres inventados, de artistas o en otros idiomas; de lugares que no sabemos dónde están ni podemos pronunciar.

Cada vez quieren ser lo que no son; muchos nos defendemos esperando que la Sociedad despierte del chauvinismo colectivo en el que nos están tratando de sumergir y volver a sentir que somos salvadoreños y salvadoreñas con valores, identidad nacional, historia y cultura que nos une. Sin que ese cúmulo de experiencias y realidades del pasado que nos definen como País sea un nacionalismo mal entendido.

En Casa no dejaba de pensar en el irónico final de la Sihuanaba; la Madre era ampliamente conocida y desconocido el paradero del Hijo. Apareció el Hijo y todos lo conocen, ahora es representado como un famoso Actor nacional de Programas de radio y televisión, nueva Leyenda urbana, pero nadie sabe qué pasa con la Madre ni cuál es su paradero. Hoy sólo se presenta en algunos Episodios de una “edulcorada” Mitología Salvadoreña.

…¿Estará la Sihuanaba vagando por las zonas rurales o agonizando sola en su Cueva?.

 

Glosario de términos.

 

-          Bolo: borracho.

-          Cipotes: niños o muchachos.

-          Champa o champita: casa construida con lodo, ramas, cartones y telas de plástico; elaboradas por personas y familias en condición de pobreza extrema y extrema severa, sobre todo, las que viven en zonas rurales.

-          Chele: persona con tez más clara o de raza blanca.

-          Chero: amigo.

-          chuco: sucio.

-          Chulona: desnuda.

-          Chulonearse: desvestirse, desnudarse.

-          Horchata: bebida tradicional hecha con el polvo resultante de semillas tradicionales y especias molidas.

-          Petate: alfombra delgada, elaborada con hilos gruesos hechos de fibras de los troncos de Palmeras, cocoteros o Palma de cocos; usado como colchón en las zonas rurales.

-          La PALMA: Pueblo situado en el Departamento de Chalatenango; famoso por las Asociaciones de Artesanos y sus artesanías tradicionales elaboradas con el Estilo creado por el Pintor Salvadoreño Fernando Llort.

-          Morro: fruto del árbol de Morro; la cubierta del fruto no comestible es dura; Luego de extraerles la pulpa y semillas se lavan y son secados al sol. Desde hace siglos los pueblos mayas, pipiles, lencas y en la actualidad se usa en la fabricación de vasos, vasijas y platos hondos.

-          Muchachitos o muchachitas: niños, niñas y adolescentes.

-          Ruco: persona de la tercera edad; persona que piensa y le gusta vivir según las tradiciones o viejas costumbres (ejemplo: piensas o vives como si fueras ruko).

-          Tufo: mal olor.

-          Semita: pan dulce o repostería tradicional salvadoreña rellena de jalea de piña.

-          Siguanaba y Sihuehuet: Personajes femeninos de la Mitología Salvadoreña.

 

Fuente del vocabulario: Consulta a personas adultas mayores, familiares, vecinos y amigos.

 

Autor: Alexander Kellman Rodríguez. San Salvador, El Salvador.

 akerddd@hotmail.com

 

 

 

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