Un recorrido por el corazón de la mina de Valenciana en
plena producción
La mina de valenciana es un casco que se inició en 1557 y
concluyó su construcción en 1810.
El grupo de visitantes se coloca los cascos, hace fila para ingresar
junto con el guía por las instalaciones ahora propiedad de una empresa
México-canadiense.
El guía nos informa que bajaremos 60metros por gradas
irregulares para las que es necesario tomarse de un mecate, que si hay personas
asmáticas o claustrofóbicas.
Explica que por el casco minero circuló oro, plata, bronce,
sin, estaño, plomo y fierro.
Estamos frente a una persona de 70 años con 39 de trabajar
esas minas por lo que su información es de primera mano.
El tiro general de la mina es de
Con la conquista española, los aborígenes chichimecas fueron
enviados a explotar las minas sin protección y en forma manual.
Los trabajadores tenían un promedio de vida entre los 20 y
25 años antes de morir de una trombosis pulmonar o un accidente en esas
profundidades.
Las mujeres no podían ingresar a las minas por razones de
superstición que indicaban que la mina se pondría celosa y escondería sus
tesoros.
Ellas separaban los minerales que los indios subían en sus
espaldas balanceando el peso con cinturones atados al cuerpo y frente para
tener las manos libres y poder escalar por los peligrosos escalones hasta la
boca de la mina donde las chichimecas hacían su trabajo para luego llevarlo a
un molino denominado de sangre porque los pies descalzos de los mineros que se
rompían con el polvo del metal teñían de rojo los caminos que dejarían las
piezas preciosas listas para exportar a España.
Mientras bajamos los escalones, el guía nos dice que los
indios cargaban los minerales en una bolsa tenatera hecha de cuero de animales
cazados en la cierra.
Cada tenate, pesaba entre 60 y 70 kilos ya lleno de los
diversos minerales.
Las jornadas laborales comprendían entre las 12 y 16 horas
diarias (de sol a sol).
Gracias a San Cayetano, esta mina es muy productiva, así nos
explicaron en la visita previa al templo cercano financiado por el propietario
de la mina quien le prometió su construcción si le hacía el milagro de
encontrar los metales preciosos como en efecto sucedió.
Seguimos bajando, en algunos trechos sin cuerda, me guío por
las grandes rocas de las paredes y coloco el pie con mucho cuidado, pienso en
los personajes que descubrían las minas alumbrándose con velas hechas de la
grasa animal y así no solo caminaban seguros, si no además tenían que guiarse
por el brillo y color del mineral para determinar el tipo de veta.
Por la falta de luz, se colocaban la vela cerca de la nariz
y cuando en forma involuntaria la apagaban, debían golpear dos rocas de
pedernal para prender otra vela.
En 1960, colocan una máquina para la entrada de aire a la
mina con sesenta libras de presión, una entrada de agua para mojar el polvo que
convertido en barro no llegará los pulmones del minero que además ahora cuenta
con equipo protector, guantes, protectores en nariz, boca y oídos por el ruido.
Como las fuentes de trabajo son contadas: minería, turismo,
comercio y la universidad, los empleados en cada ramo de su ocupación, dan lo
mejor de sí para conservar el puesto.
De los 25 años de promedio de vida ahora subió a los 65
años.
Al inicio calentaban las rocas a 60 grados, le lanzaban agua
y explotaban, luego en 1760, utilizaron en forma progresiva la dinamita y por
último llegaron los industriales que siguen explotando las minas sin que al
parecer deban de abandonarse ni acorto ni a mediano plazo, aunque tengan que
seguir adentrándose en las entrañas de la tierra.
Autor: Roberto Sancho Álvarez. San José, Costa Rica.